La tecnología FIPP se basa en un proceso en el que un material base de polietileno de alta densidad (HDPE) se calienta y se estira hasta formar una manguera flexible, que luego se invierte y se inserta en la tubería existente mediante presión de aire. Al enfriarse, forma una estructura compuesta de "tubería dentro de otra". Este proceso confiere a la tubería rehabilitada tres ventajas clave:
Resistencia estructural: El revestimiento y la tubería principal forman una unidad integrada; la rigidez del anillo alcanza los 12,5 kN/m² (superando con creces los 8 kN/m² de las tuberías de PVC estándar), y la resistencia al asentamiento mejora en un 40 %.
Eficiencia en la construcción: Para la rehabilitación de tuberías con diámetros que van desde DN200 hasta DN3000, la duración del proyecto es solo una quinta parte de la de los métodos tradicionales a cielo abierto (por ejemplo, la rehabilitación de una alcantarilla DN1500 tarda 3 días en completarse, y el tráfico se restablece en 7 días).
Vida útil: El material HDPE es resistente a la corrosión por ácidos y álcalis, y el revestimiento se ajusta perfectamente a la tubería principal, lo que prolonga la vida útil de la tubería en más de 30 años.
Adaptabilidad al diámetro: El revestimiento FIPP tolera tasas de deformación de hasta ±20% en la tubería principal, lo que lo hace especialmente adecuado para tuberías severamente deformadas, como las de hormigón o hierro fundido.
Compatibilidad del material: El material HDPE soporta temperaturas del agua de hasta 90 °C, lo que lo hace adecuado para entornos de alta temperatura, como plantas de tratamiento de aguas residuales y parques industriales químicos.
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